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Día 1.

Tan sólo hace unas horas que nuestro avión ha aterrizado en Trípoli. Acabamos de volver de dar un paseo por la ciudad y hemos regresado al hotel gratamente sorprendidos. En esta ciudad se respira un aire tranquilo y amable. La gente no parece interesarse por el grupito de extranjeros que lo observan todo cámara en mano. No nos molestan, no nos taladran con la mirada como sucede en otros muchos países. Y eso que aquí el turismo es sólo un recién llegado. Es agradable caminar por las calles, y sentarse en un café a tomar un capuccino, sin duda una de las mejores herencias que los italianos dejaron en estas tierras. Trípoli es una ciudad en la que adivina un gran futuro, una ciudad que está creciendo y que quiere seguir creciendo.

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